La película
empieza en una alegre fiesta en un geriátrico. Es rudamente
interrumpida por la Banda de los "Ojos Rojos", ladrones con
el pelo teñido de rojo y gafas del mismo color, que proceden
a desplumar a los desvalidos asistentes. Entonces llegan al
rescate (tachán) el Zapador, el Rajá Azul y Míster Furioso.
En parte por inferioridad numérica y en parte por su mala
coordinación, los Ojos Rojos los inflan a hostias. Por suerte
llega (tachán) el Capitán Asombroso, que despacha a los asaltantes
en un periquete. Mientras es aclamado por el gentío, prensa,
radio y TV, nuestros tres héroes se reponen de los tortazos.
Pero a
solas con su publicista en su lujosa limusina, Asombroso no
está satisfecho. Esto ha sido patético, y lo que es peor,
sus espónsors parecen opinar así (recientemente ha perdido
el apoyo de Pepsi). Su publicista recuerda que ha acabado
con todos los supervillanos de Champion City: el Profesor
Muerte está muerto, Apocalapsus en la cárcel, Armacráneo exiliado,
el Barón Von Kaos, silla eléctrica, etc. En cuando a Casanova
Frankenstein, el enemigo preferido de Asombroso, está en el
psiquiátrico. Pero algo se puede hacer...
Así que
poco más tarde, la junta directiva del psiquiátrico revisa
el caso de Casanova Frankenstein. La doctora Leek, su cómplice
en secreto, afirma que está curado. Entonces llega Lance Hunt,
alter ego del Capitán Asombroso, que lee una carta del "capitán"
sugiriendo clemencia. El director duda, pero con tan poderosos
avales accede a declarar curado a Casanova Frankenstein.
Mientras,
el Zapador y sus amigos reponen fuerzas en un fast food
y comentan la acción (Furioso parece fijarse mucho en Mónica,
la nueva camarera). Al salir, por casualidad tropiezan con
los jefes de los Chicos Disco, Tony P. y Tony C. ¿Qué hacen
los secuaces de Casanova Frankenstein en la ciudad?, se pregunta
Furioso, y propone seguirlos y ver qué se cuece. Cansados,
el Zapador y el Rajá Azul declinan, lo que pone furioso a
Míster Idem. Decide coger la moto y seguirlos solo.
Mientras
el Zapador y el Rajá Azul vuelven a casa, con su esposa e
hijos el primero y madre el segundo, Casanova Frankenstein
ha regresado a su mansión y se ha puesto cómodo. Tras saludar
a Tony P. y la doctora Leek, el villano hace volar por los
aires el psiquiátrico accionando un control remoto. Esto intriga
a Furioso, que vigila la mansión con prismáticos. Al poco,
Casanova Frankenstein recibe la visita de su viejo enemigo,
el Capitán Asombroso. Furioso lo ve llegar... pero no salir,
porque Casanova Frankenstein ha capturado al Capitán aprovechando
su punto débil (es tonto).
Al día
siguiente, mientras trabaja en un desguace de coches sobre
un "autobús de batalla" blindado Herkimer, Furioso oye por
radio que el Capitán Asombroso y el conocido millonario Lance
Hunt han desaparecido misteriosamente. Furioso, que sospecha
que son la misma persona, persuade al Zapador y al Rajá Azul
de ir a la mansión de Casanova Frankenstein a investigar.
Así lo hacen, pero son sorprendidos por los Chicos Disco e
inflados a hostias.
Mientras
se recuperan de la paliza en el mismo fast food, Furioso
propone que necesitan ayuda. Han de reclutar más superhéroes.
¿Pero dónde encontrarlos? Por suerte el Zapador lo sabe...
poco después los tres, vestidos de paisano, se presentan en
casa del Chico Invisible. Éste está encantado por unirse a
unos "verdaderos" superhéroes.
Nuestros
amigos se muestran algo escépticos sobre su "superpoder" de
volverse invisible cuando no lo miran, pero como conoce a
muchos superhéroes (el Escabechador, el Profesor Pantarrosa,
la Culocara, Suertemán y el Vibratón) se reúnen de nuevo en
su fast food favorito a planear un casting.
Es entonces cuando, para consternación de los tres, aparece
el Flato. Corre el rumor de que buscan reclutas, y se ofrece
tras una demostración de su apestoso superpoder.
Al día
siguiente, el Zapador, el Rajá Azul y Míster Furioso, en compañía
del Chico Invisible y el Flato, celebran una barbacoa con
cerveza en el jardín de casa del Zapador (para gran disgusto
de su esposa, que lo amenaza con el divorcio). Asiste un verdadero
gentío de "superhéroes".
Y si creían
ustedes que el Zapador y compañía son cutres, deberían ver
a los otros: el Gofrero, que abrasa a los villanos con su
"plancha justiciera" y les lanza jarabe de chocolate bajo
en calorías; la Vengadora de la Regla, vestida de rojo y que
trabaja cuatro días el mes; Caralápiz y el hijo de Caralápiz,
que "borran el crimen"; Radiomán; el Torero Rojo; el Escobillón;
el incalificable "Bailarinaman"... sólo encuentran una candidata
potable: la Lanzadora, que demuestra su habilidad. Es admitida
pese al recelo de Furioso.
Poco después,
nuestro recién formado supersexteto sale en el coche familiar
del Zapador en su primera misión. Casualmente tropiezan con
la limusina de Casanova Frankenstein, al que acompañan los
Tony P. y C., y tienen una pequeña pelea con ellos. No logran
mucho excepto abollar la limusina, pero lo celebran por todo
lo alto tomándose unas copichuelas.
Al salir
del bar, ¡se encuentran con los Chicos Disco al completo,
armados hasta los dientes! Las cosas se presentan feas para
nuestros superamigos, cuando sucede algo inesperado: ¡las
armas de los Chicos Disco se parten misteriosamente en dos!
Los Disco huyen, y de las sombras surge (tachán) la enmascarada
figura de la Esfinge, el enigmático justiciero.
La Esfinge,
con sus frases misteriosas, les echa el puro por su torpeza.
Nuestros amigos reconocen su inexperiencia en el trabajo en
equipo, y piden a la Esfinge que les ayude (excepto Furioso,
que disiente como siempre). La Esfinge acepta.
Poco después
nos los encontramos en un bosque, convertido en campo de entrenamiento.
La Esfinge emplea métodos de maestro de artes marciales: adiestrándolos
en el combate cuerpo a cuerpo, haciéndoles practicar algunos
ejercicios estrafalarios y coser nuevos uniformes. Pero Míster
Furioso se impacienta. Deberían ir en busca de Asombroso,
y cuando sus compañeros se niegan, se separa enfurecido del
grupo. Los demás, atribulados, piden consejo a la Esfinge.
Éste sugiere un refuerzo tecnológico. Casanova Frankenstein
no es villano corriente, dice; tiene muchos hombres y armas.
No se le puede vencer sólo con "tenedores y flatulencias."
En esto
el Zapador recuerda que, en el asalto al geriátrico, un anciano
caballero de visita les ofreció ayuda: el doctor Heller, diseñador
de armas. De modo que el Zapador, el Flato y la Lanzadora
se presentan en el cuartel general de Heller. No parecen muy
impresionados al saber que sólo diseña armas no letales, pero
tras una demostración del Tornado Enlatado quedan convencidos.
Entretanto,
Míster Furioso está muy decaído. Acompañando a Mónica, la
camarera con la que ha pegado la hebra, confiesa que desearía
estar con sus compañeros, pero ha renunciado. Ella sugiere
que deje de estar siempre en el papel de furioso y haga lo
que le dicta su corazón. Furioso, recordando que su personaje
es un loco imprevisible, se convence y regresa.
Casualmente,
sus amigos han organizado ya una incursión a casa de Casanova.
La Esfinge, el Chico Invisible y el Flato vigilarán fuera;
serán "los ojos del águila," siempre avizores ante el peligro.
Mientras tanto el Zapador, el Rajá Azul y la Lanzadora serán
"las garras del águila," y entrarán para buscar a Asombroso.
Míster Furioso llega justo cuando va a empezar la "Operación
Águila de Tres Ojos y Tres Garras", y tras un penoso intento
de pedir disculpas, se une como cuarta garra.
Esta vez
tienen más éxito y se introducen sin ser descubiertos, a pesar
de que Casanova Frankenstein celebra una fiesta con todas
sus antiguas bandas. Nuestros héroes localizan a Asombroso
en el sótano. El otrora flamante superhéroe está atado a un
sillón bajo una enorme máquina, que según revela es una superarma
que destruirá la ciudad a medianoche.
Les da
instrucciones para desactivar la máquina y liberarlo, pero
nuestros héroes se hacen la picha un lío con los controles
¡Y MATAN HORRIBLEMENTE A ASOMBROSO! Apenas logran escapar
antes de que Casanova Frankenstein llegue a mostrar su cautivo
a sus compinches. Se extraña al verlo ya muerto, pero actúa
como si fuera lo planeado; anuncia que el mismo destino aguarda
a Champion City, tras lo cual todos irán "de juerga".
Reunidos
donde el doctor Heller, éste explica a nuestros amigos que
la máquina es un "psicofrangulador", que genera una nube de
"caotrones" que nosequé y nosemás. ¿Qué hacer? Hablando claro
por una vez, la Esfinge sugiere salir pitando, lo que todos
aceptan. Pero aquí interviene el Zapador.
Les muestra
un sandwich de ensalada de huevo: una bomba de colesterol
que su mujer no le dejaría probar. Ahora ya no importa, porque
van a morir todos. Lanza un discursito diciendo en esencia
que sí, son una panda de pringaos, "los tipos por los que
nadie apuesta"... pero son todo lo que hay. La Caballería
no va a llegar al rescate: ellos son la Caballería. Los elogia
uno por uno, señalando sus poderes (por ejemplo, a Flato le
dice: "Nunca me pondré detrás de ti, pero lucharé a tu lado
con orgullo"). Así que, "¿Vamos a enfrentarnos a Casanova
Frankenstein, o me como este sandwich?" Un silencio. Y todos
aclaman: "¡¡SÍ!!"
Nuestros
héroes preparan un plan. Necesitarán un vehículo, y Furioso
sugiere el autobús blindado Herkimer que debería haber desguazado,
del cual Heller dice que es el mejor "vehículo militar no
letal" que existe. El Zapador, el Rajá Azul y Furioso marchan
a despedirse de sus seres queridos... quizás para siempre,
mientras los demás montan en el autobús un potentísimo superelectroimán.
El Zapador
se despide de su mujer, que le amenaza con que cuando vuelva
quizás no la encuentre en casa. Él contesta que si no va,
no tendrá casa a la que volver, lo que la deja estupefacta.
El Rajá
Azul revela su secreto a su madre: es un "superhéroe británico
afectado" llamado el Rajá Azul. No lleva nada azul y habla
con pomposidad, pero "hace honor al Imperio Británico". Ella
se muestra encantada y le proporciona un arma formidable:
¡los cubiertos de plata de su bisabuela!
Míster
Furioso se despide de Mónica. Ella le pregunta su nombre.
Él vacila en revelar su "identidad secreta" pero al final
la dice: se llama Roy. Ella le sugiere que se deje de monsergas
y sea simplemente Roy.
Nuestros
héroes están casi listos, pero hay un problema: Míster Furioso,
más bien Roy, se plantea quién es realmente ¡y ha perdido
sus poderes! De todos modos no hay vuelta atrás: ha llegado
la hora, y sólo queda ataviarse con sus flamantes uniformes
nuevos. Todos tienen un look realmente guay. Suben
al autobús y se ponen en marcha con el Zapador al volante.
En el viaje, todos insultan a Roy para enfurecerlo y que vuelva
a ser Míster Furioso. No tienen demasiado éxito.
Llegando
a la mansión de Casanova, el Zapador entra a las bravas. El
autobús se lleva por delante la cerca, derriba las puertas
de entrada, y penetra en el hall. Sorprendidos, los secuaces
de Casanova Frankenstein la emprenden a tiros con al autobús.
Gracias al blindaje no logran nada, pero nuestros héroes no
pueden salir. Es hora de activar el electroimán, que arrebata
las armas de los villanos. Casanova Frankenstein ordena un
repliegue a la discoteca y organiza su estrategia: las Peleteras
se harán fuertes allí, mientras los Sushi, los Chicos Disco
y los Malosos darán un rodeo y atacarán por la retaguardia.
Nuestros
héroes salen del autobús y tratan de seguirlos a la discoteca,
pero Casanova Frankenstein ha dispuesto una trampa: sobre
la entrada hay un láser disparado mediante una fotocélula.
Un compinche rezagado es carbonizado al instante, y nuestros
amigos comprenden que quien lo siga correrá el mismo destino.
¡Y es entonces cuando el Chico Invisible decide que es su
momento!
Avanza
hacia el láser con los ojos cerrados, mientras advierte a
los demás que no lo miren. Afortunadamente esto no incluye
a los espectadores, ¡que podemos ver cómo el Chico Invisible
se vuelve ídem! Sus ropas caen al suelo, el láser se apaga
y todos se vuelven... para ver al Chico Ya No Invisible en
cueros. La Lanzadora sugiere unos calzoncillos "si quieres
seguir combatiendo el mal."
Entran
en la discoteca para encontrarse a las Peleteras blandiendo
sus nunchakus, pero son derrotadas con patética facilidad:
manejado por la Esfinge, el Encogedor reduce sus vestidos
talla mini a supermini y quedan inmovilizadas, con las bragas
metiéndoseles por el culo. Nuestros amigos se dividen, y mientras
el Lanzaculpas manejado por el Flato hace que los Malosos
se líen a mamporros entre ellos, la Lanzadora se encara con
Tony P., el asesino de su padre.
Tony P.
se siente seguro, porque ella es incapaz de matar. Ella lo
confirma... porque es mejor que él. Pero su padre tiene otras
ideas. La bola con el cráneo sale disparada, y Tony P. es
incrustado en el muro de un tremendo bolazo. "Ahora volveré
a la Universidad para un master. Es lo que acordamos," dice
ella a su padre.
Pero el
Chico Invisible y el Flato tienen problemas: han sido acorralados
por los Sushi, que aunque no pueden coger sus armas, las disparan
aún pegadas al electroimán. El Flato es alcanzado por una
bala en salva sea la parte. "¡Estoy herido!" grita. "¡No siento
el culo! ¡No siento el culo!" Sobreponiéndose, logra dejar
inconscientes a los Sushi con un potente y estruendoso pedo.
Mientras,
¿qué pasa con los demás? El Zapador se enfrenta a Tony C.
y varios Chicos Disco, a los que derrota a palazo limpio tras
una épica lucha. Casanova Frankenstein está acorralado en
lo alto de una escalera defendida por los Universitarios.
Pero tiene un as en la manga: ¡Mónica, a la que ha secuestrado!
Acciona un interruptor que electrifica la escalera, matando
cínicamente a sus seguidores, y se aleja hacia el psicofrangulador.
Míster
Furioso lanza un grito desgarrador, y trata de trepar por
el muro con furia irracional. Entonces el Rajá Azul lanza
sus tenedores, que se clavan en el muro en dos filas formando
una escala. Míster Furioso trepa por estos asideros hasta
el rellano, donde entabla una lucha con Casanova Frankenstein.
Éste logra derribarlo... pero Furioso se levanta, ¡y está
REALMENTE furioso! "Alguien debe haber arrancado la letra
R de mi diccionario, ¡porque desconozco lo que significa rendirse!"
Se abalanza sobre Casanova Frankenstein, lo infla a hostias,
y acaba arrojándolo al psicofrangulador. El temible supervillano
muere (y creedme, ser psicofrangulado es realmente asqueroso.)
Acto seguido Furioso salta desde el rellano al piso con Mónica
en brazos.
¡Pero
el psicofrangulador está todavía activado! La ciudad empieza
a sentir sus devastadores efectos, mientras nuestros superhéroes
recurren a un plan desesperado: el padre de la Lanzadora será
arrojado al psicofrangulador para intentar destrozarlo. "No
tengas miedo," dice ella. "No morirás, porque ya estás muerto.
¡Te quiero, papá!" Lo lanza y todos salen corriendo. El cráneo
la emprende con el aparato, mientras la mansión estilo Gaudí
vuela en una horrísona explosión...
A la mañana
siguiente, periodistas, policías y reporteros de radio y TV
están reunidos ante la cerca, haciendo cábalas sobre quiénes
han salvado a la ciudad. En esto aparece de entre la polvareda
un grupo de figuras cansadas pero satisfechas: ¡nuestros amigos
y nuevos héroes de Champion City! Todos están bien, incluso
la chamuscada bola encerrando el cráneo del Lanzador. Los
periodistas les preguntan nombres y poderes, y ellos se presentan.
Furioso declara llamarse Roy y tener "un superdolor que no
se aguanta." Mónica, orgullosamente colgada de su brazo, añade
que se llama Míster Furioso y su poder es su furia desatada.
"Somos los Número Uno," dice la Esfinge. "Los demás son los
Número Dos. O menos."
El Zapador
pronuncia un pequeño discurso, dedicando esta victoria a toda
la gente que es superbuena en su trabajo y no se les reconoce:
policías, médicos, enfermeros, conductores de quitanieves,
bomberos, profesores, etc. La Lanzadora añade a los que ven
cine independiente, el Chico Invisible a "los que se saben
la musiquilla de los anuncios," etc. A los periodistas sólo
les queda una pregunta: ¿cómo se llama su grupo?
Por increíble
que parezca, ¡a estas alturas nuestros amigos aún no han elegido
un nombre! "Los Supertíos", propone el Chico Invisible, pero
es rechazado. "Se llamen como se llamen," dice la reportera
de TV, "Champion City está agradecida a estos hombres misteriosos."
Esto le da una idea a la Esfinge: ¡el Superequipo! "Nooo,"
dicen todos. Y mientras proponen los Siete Fantásticos (el
Flato), la Hermandad Imperial de la Rectitud (el Rajá Azul,
¿quién si no?), se alejan rodeados por la multitud, en busca
de un merecido descanso...