Un
verano calentito es el que hemos tenido, con no menos de tres
blockbusters más que notables de obligada visión
para el fan del cine fantástico, incluyendo la adaptación
de un -otro- cómic clásico, la secuela de una de
las películas más míticas del cine de ciencia
ficción y el renacer del género de piratas. Aprovechamos,
en este artículo, para reseñar dichas películas...
Una
de blockbusters veraniegos
Luis
F. Mayorgas
HULK
En
cuanto salí de la sala de cine tras disfrutar de la versión
cinematográfica del coloso esmeralda tuve claras dos cosas:
Que la nueva adaptación cinematográfica a un comic
Marvel no desmerecía para nada las afortunadas versiones
previas de Spiderman, X-Men y -en menor
medida- Daredevil, y que la película no iba
a funcionar en taquilla. Y es una pena: Como era previsible, Ang
Lee, el director de Tigre y Dragon, no iba
a recurrir solamente a lo fácil y en lugar de la convencional
superproducción explosiva a lo Michael Bay, dedica
los primeros 40 minutos de película a un completo estudio
psicológico de la mente de un traumatizado Bruce Banner.
Lamentablemente, el ritmo moroso asociado a la primera parte de
la película probablemente puso en fuga a un gran porcentaje
de los aficionados más impacientes, que esperaban destrucción
desenfrenada desde los primeros minutos de la película.
Pero Ang Lee
ofrece elementos que compensan ese comienzo cadencioso de la primera
parte de la película, desde un reparto sensacional -una Jennifer
Connelly estupenda, como siempre, y un Sam Eliott que
clava el personaje del general Trueno Ross-, hasta secuencias planteadas
con un formidable montaje de planos simultaneos que evoca la estética
de los comics. Además, la película no omite algunos
de los momentos más arquetípicos del personaje, con
la Masa machacando a los efectivos del ejercito yanqui. El Hulk
digital, además, está bastante logrado y fiel al aspecto
del comic original, si bien algo rígido en sus expresiones,
y no tan perfecto como el Gollum de El Señor de los
Anillos, que parece haberse convertido en el rasero por
el que se miden los niveles de calidad de las animaciones 3D de
personajes virtuales.
En resumen,
un nuevo éxito del cine de superhéroes en términos
de calidad, condenado sin embargo a no arrasar en taquilla al apostar
por el analisis psicológico del personaje en lugar de soluciones
más comerciales.
TERMINATOR
3
Admito
haber ido a regañadientes al estreno de La Rebelión
de las Máquinas, última entrega -hasta ahora-
de la saga de Terminator. El hecho de no contar con
la presencia de su alma mater y autonombrado Rey del Mundo, James
Cameron, hacía presagiar lo peor. Finalmente, mis predicciones
resultaron algo catastrofistas: El trabajo del director, digamos,
suplente, Jonathan Mostow, es más que correcto, si
bien no es capaz de superar la fuerza del original.
Y no es que
las escenas de acción estén mal. Uno de los momentos
más celebrados de la película es una vibrante persecución
entre el destartalado vehículo del protagonista, y una enorme
grua pilotada por la villana de la función. En ese sentido,
el director cumple de forma impecable.
Por desgracia,
una persecución carece de gracia si no te implicas con los
personajes y en ese sentido, la película falla: aunque el
trabajo de Nick Stahl es esforzado, resulta dificil asociar
a este John Connor convertido en un perdedor indigente, tanto con
el heroico lider de la resistencia anti-Skynet que narra la leyenda,
como con el pícaro, chulesco y algo insufrible pillo interpretado
por Eduard Furlong en Terminator 2. Asimismo, la ausencia
de Linda Hamilton se deja sentir como una losa, privando
a la película de gran parte de la fuerza que aportaba la
actriz en la primera y, sobre todo, en la segunda entrega.
Adicionalmente,
los conceptos nuevos que ofrece la película a nivel visual
o conceptual son más bien pocos: En lo que se refiere al
diseño de los nuevos robots exterminadores, aparte de la
"genial" idea de dar una apariencia femenina al nuevo
terminator -o terminatrix-, se reciclan ideas como combinar los
dos formatos de Terminators (el T800 con endoesqueleto, y el T1000,
multiforme), se le aporta un lanzarrayos, un aspecto insectoide
y poco más. A eso debemos agregar a Kristanna Loken,
la actriz que hace de Terminatrix, mona ella pero más bien
incapaz de generar una sensación de amenaza (no hay más
que recordar a Robert Patrick, el actor que hacía
de T1000, que conseguía inspirar pavor en cada plano). A
eso hay que añadir que, argumentalmente, la película
replica los esquemas de las dos primeras de forma casi mimética,
con lo que hasta casi el final nos vemos privados del elemento sorpresa.
No todo es
negativo, naturalmente. Schwarzenegger, como era previsible,
continúa siendo lo mejor de la función, consiguiendo
mantener esa sensación de máquina sin sentimientos
y logrando al mismo tiempo mantener una cierta empatía con
los personajes y el público (y por cierto, desde aquí
un saludo a Constantino Romero, que vuelve a doblar a Arnold,
y sin el cual este T3 no hubiera sido lo mismo). Además de
eso (y entramos en el terreno de los spoilers, quienes no
quieran saber nada del desenlace de la película, que se abstengan
de seguir leyendo), la película se atreve a huir del tradicional
happy end y aboga por un desenlace final inquietante. Por desgracia,
dicho desenlace provoca en el fan de la serie lo que yo llamo el
síndrome de Alien 3 (y los que hayan visto
ambas plículas ya saben a que me refiero), una sensación
de futilidad bastante molesta, como si todos los sacrificios hechos
por los protagonistas en películas previas no hubieran servido
de nada.
En resumidas
cuentas, una película correcta y entretenida, de lo mejor
del verano, pero que no consigue llegar a ese estatus de película
de culto alcanzado por entregas previas.
PIRATAS
DEL CARIBE: LA MALDICION DE LA PERLA NEGRA
Si
para ir a ver Terminator 3, tuve cierta renuencia, en el
caso de Piratas del Caribe, me esperaba la gran debacle.
Al fin y al cabo, el concepto no deja de ser la prueba definitiva
de la falta de ideas nuevas en el Hollywood actual. No es un remake,
ni una secuela, ni una novela, ni una serie de televisión
antigua, ni un cómic, ni un videojuego: Es la adaptación
¡de una atracción de feria! (vale, de acuerdo, la feria
son los parques temáticos de Disneylandia, y eso es un grado...)
El caso es
que al final me pudo la curiosidad y las buenas críticas,
cosa de la cual me alegro: Piratas del Caribe es la
mejor producción de aventuras que hemos visto en meses. Quizás
debería haberlo supuesto, teniendo en cuenta que el director,
Gore Verbinski, es responsable de The Ring,
sensacional remake de una de las mejores películas de terror
japonesas de los últimos años, que consigue incluso
mejorar en algunos momentos al original.
En este caso,
Verbinski consigue adaptarse al estilo de la aventura clásica,
consiguiendo una película fresca, fluida y llena de sentido
del humor, en la que, aunque sabes que el protagonista se quedará
con la chica y el malo recibirá su merecido, nunca te aburre
y te engancha hasta el final.
Esto se debe
en gran parte a la participación en la película de
Johnny Deep, cuya interpretación de Han Solo, ¡digo!,
de Jack Sparrow, como un pirata con vocación de superviviente
nato, algo sonado, más bien amoral, pero definitivamente
carismático, es de lo mejor de la película (a no perderse
su antológica entrada en la película, entrando en
la cala de un puerto en lo más alto de lo que parece un espectacular
bajel pirata).
No es el único
actor a destacar. Geoffrey Rush vuelve a hacer una de las
cosas que mejor se le dan, uno de esos villanos que nos caen bien
a nuestro pesar, en este caso encarnado en la piel -bueno, en los
huesos- del capitán Barbosa. Igualmente, Orlando Bloom
resulta una buena elección como Will Turner, el héroe
puro de la película, con unos cuantos kilitos de más
que le hacen casi irreconocible desde su papel como Legolas en El
Señor de los Anillos.
A un reparto
estupendo hay que añadir un excelente sentido de la aventura
al más puro estilo clásico, con sensacionales duelos
a espada que prueban que, aunque no hay nada malo en el estilo Matrix
a la hora de coreografiar peleas, definitivamente no es el "único"
estilo posible (Cosa que parece si revisamos las películas
de acción en los últimos dos años)..
Además,
la película tiene un sentido de la espectacularidad -imprescindible,
por otra parte, para toda superproducción con vocación
de taquillera que se precie- que no esta reñido con su look
clásico: Veáse el asalto de los Piratas de la Perla
Negra al puerto, o el combate naval entre los hombres del capitán
Barbosa y Jack Sparrow. A esta espectacularidad se añade
que la película integra con éxito en una película
de piratas el concepto de muertos vivientes, más próximo
al cine de fantasía, permitiendo la creación de imágenes
fascinantes, como las continuas transiciones de los piratas entre
su aspecto humano y su versión zombí al exponerse
a la luz de la luna, o su carga contra el barco de los protagonistas
caminando por el fondo del mar.
En pocas palabras,
Piratas del Caribe es la merecida ganadora entre las varias películas
con vocación de blockbuster que han pasado por nuestra cartelera
este verano, una producción al viejo estilo (y con medios
modernos) que recupera el sentido de la aventura tradicional...
¡Queremos más de estas!
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